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Traducido por Oscar Sarqu?z. Yo fui la primera beb? tra?da al mundo en espa?ol en Bakersfield, California, por el Dr. Ramirez en el Hospital Greater Bakersfield Memorial. Mi padre grab? el evento en cinta de carrete, y me hizo o?rla una vez. De hecho, la puso varias veces, pero yo s?lo soport? escuchar una el […]
Por la Mano del Padre
by SUSAN MARTINEZ

Traducido por Oscar Sarqu?z.

Yo fui la primera beb? tra?da al mundo en espa?ol en Bakersfield, California, por el Dr. Ramirez en el Hospital Greater Bakersfield Memorial. Mi padre grab? el evento en cinta de carrete, y me hizo o?rla una vez. De hecho, la puso varias veces, pero yo s?lo soport? escuchar una el sonido de mi primer canto seguido por sus sollozos de felicidad, y luego a ?l y al Dr. Ram?rez felicit?ndose entre s?, como si ellos hubiesen hecho todo el trabajo.

El Dr. Ram?rez era venezolano pero fue criado en Massachusetts, en ingl?s, con la familia de su madre. ?l quer?a encontrar su herencia hispana y por tanto empez? con el lenguaje, tomando un curso de escuela nocturna. Mi padre, chicano, le ense?? a hablar, leer y escribir espa?ol, y a su vez el Dr. Ram?rez adiestr? a mi madre blanca durante el embarazo con ideas tan revolucionarias como preparar jugo y leche instant?nea con agua fluorada de la farmacia, para que tuviese yo dientes fuertes. Mi nacimiento fue su primer paso hacia proveer atenci?n m?dica para hispanoparlantes en Bakersfield.

Le dije a mi mami cuando hablamos sobre los detalles de esto, que ?l trajo al mundo a la criatura adecuada. Ella no lo hab?a pensado as?, pero ?sa ha sido siempre la lucha entre nosotras: ella percibe mi herencia hispana como novedad, no centro de mi alma. Nuestra pugna cruza l?mites generacionales, raciales y geogr?ficos.

Mis padres se divorciaron cinco a?os despu?s de nacer yo, y fui criada en Nueva Jersey, en ingl?s, del lado familiar de mi madre ? casi como el Dr. Ram?rez. A miles de millas de m?, mi padre era un defensor de la educaci?n biling?e, pero en mi escuela nadie pod?a pronunciar mi apellido, ni siquiera mi maestra de espa?ol de secundaria.

Estas son las notas claves de mi vida, y hay una versi?n m?s larga, pero la banda sonora de mi historia ya fue compuesta y lleg? con el correo en un CD la semana pasada. “Por la mano del padre” es la m?sica e historias selectas del trabajo teatral creado por Alejandro Escovedo en colaboraci?n con los dramaturgos Theresa Chavez, Eric Gutierrez y Rose Portillo. Obra y m?sica exploran las relaciones entre padres inmigrantes y sus hijos, pero el CD podr?a tambi?n ser el acompa?ante sonoro de mi viaje como mujer reclamando un territorio donde raza y cultura son definidas ? e indefinidas ?por la migraci?n de tiempo, fronteras, y sangre.

“Por la mano del padre” no versa s?lo sobre la frontera, y no pretendo desfavorecerla al decir eso, porque las letras e im?genes son tangibles y fragantes, entre la m?s exquisita poes?a que he o?do jam?s. “Al borde de una nueva era, tengo un pie en cada pa?s. Pero cuando el tiempo se med?a diferentemente y las fronteras ten?an otro significado, mi padre ten?a un pie en cada pa?s, donde el barro de cada bota fraguaba igual y la tierra se colaba igual en cada mano y la tierra ten?a s?lo un olor”. Es m?sica de contradicci?n y resoluci?n, de cargar el doble de historia en vez de aferrarse a una historia perdida a medias. Es un paisaje poblado de guitarras y padres que entierran a sus hijos; de violines y amantes arrebatados por valses italianos en el Sal?n de baile Aragon; por el lamento de un chelo mientras una hija se pregunta qu? hace a la mano de su padre golpear s?bitamente… es el hombre que grita tras una vida matrimonial que no fue un santo, pero permaneci?. Estos son los cantos de defensa de tu identidad, incluso de tus propios padres. No soy la primera criatura de la familia de mi padre tra?da al mundo en espa?ol, m?s probablemente fui la ?ltima; ni soy la primera de una oleada de mexicanoamericanos: la familia de mi padre ha vivido en la misma regi?n del oeste donde es la frontera de la naci?n la que ha migrado, no s?lo la gente. Mam? se eriza cuando le recuerdo que aunque su lado de la familia coloniz? Nueva Inglaterra, el lado de pap? lleg? primero. Cuando mi tatara-tatarabuelo viaj? al oeste para encontrar oro, cort? a trav?s de la pastura de las ovejas y la mina de plata de mi otro tatara-tatarabuelo para llegar ah?.

“Nos encontramos en un punto del espacio e intercambiamos un c?digo gen?tico, un retorno a la tierra mano a mano. Dos cuerpos separados, dos mentes separadas bajo un techo. Y cuando dejes esta tierra retornaremos a ese punto s?lo por un momento, nuestros dos cuerpos convirti?ndose en una l?nea continua hasta que nos separemos flotando, dos se?ales brillantes a trav?s de un brillante universo transmitiendo un mensaje entre el puro silencio”.

Mi padre muri? hace 15 a?os, y es demasiado tarde para hacerle preguntas que no supe preguntar cuando era joven. ?l no puede contarme sus historias una vez m?s; me toca a m? recordarlas tan bien como pueda y pasarle a la siguiente generaci?n todo su dolor y belleza, para que sus exclamaciones de “mi cielo, mi cielo ojiazul” cuando inhal? mi primera respiraci?n sean s?lo parte de una l?nea continua con cualquier cosa que diga yo despu?s.

SUSAN MARTINEZ: sebm9@earthlink.net

Oscar Sarquiz: osarquiz@prodigy.net.mx